Declaración
Hablar de la pintura como sistema de expresión y en particular de mi trabajo como productor, me permite reflexionar en torno al abanico de posibilidades que la pintura como medio de comunicación visual ofrece. Considerando que la pintura ha sido desde su origen histórico el medio más utilizada para la representación visual de ideas, evocaciones y sentimientos, ha traído, en su esencia original una serie de cambios y evoluciones, no solo de forma, sino de planteamientos y contenidos, abriendo de esta manera un gran abanico de posibilidades plásticas.

La práctica de la pintura ha derivado en la posibilidad de otros sistemas de comunicación y expresión como la fotografía, el video, la instalación, etc. por lo tanto creo que hoy más que nunca la pintura se ha visto fortalecida y valorada y esto gracias a la posibilidad que esta ha tenido para reinventar nuevos discursos, contenidos y temáticas. Las prácticas artísticas y los problemas estructurales de la obra también se han visto fortalecidas ya que los talleres de pintura se han convertido hoy en día en completos laboratorios de análisis, reflexión y producción, de sus posibilidades, de las técnicas, de los medios, de los materiales y de las herramientas.

Nuevos discursos y contenidos actuales, así como recurrentes temáticas tradicionales nutren esta visión que se tiene de la pintura hoy en día.

Y es justamente en este sentido del tema y de los contenidos, en donde quisiera reflexionar acerca de mi propuesta, en donde me interesa abundar sobre el tema.

El objeto, como factor indispensable para el análisis y la referencia construye una constante porque desde mi propia perspectiva otorga no solo un sentido de unidad estética a la obra sino también un fuerte carácter simbólico y un amplio sentido de pertenencia para el resto de los elementos compositivos, de esta manera podemos advertir formas que nos remiten a la idea de una escalera, una cama, un árbol un foco, una mesa, una ventana, pero el objeto que permea bajo esa constante fundamental de mi obra es la casa. El cerebro, el corazón, órganos básicos del cuerpo humano y por supuesto que la figura humana toma también un lugar determinante como eje central en mi pintura.

El vacío, la memoria, la soledad, los desplazamientos, el origen mismo, el lugar de origen, las cartografías posibles, son temas recurrentes en mi obra algunos con claras referencias autobiográficas y otros simplemente referenciales, esa necesidad de conocerte primero para conocer después a los demás, te inscribe en una disyuntiva sin cortapisas te compartes con los demás a través de tu trabajo y los mecanismos de comunicación y de expresión quedan abiertos o te será imposible expresarte plenamente.

La pintura me ha brindado la posibilidad de encontrar el medio ideal para tratar de explorar, tratar de conocer, tratar de entender y compartir el lado humano no solo a manera personal sino también a partir de otros seres humanos y la dicotomía que nos divide: la esencia y el pensamiento, porque la apariencia desde mi punto de vista, queda en otro lugar.

Mi pintura como forma de expresión sistemáticamente sienta sus bases en lo que se conoce como abstraccionismo puro, logrando de esta manera fuertes y expresivos fondos de color cargados de una intensa apariencia matérica gracias a las densas y gruesas capas de pintura que saturan todos los espacios, para lograr después que la informalidad y el gestualismo campeen a todo lo largo y ancho de la superficie, inventariando una serie de formas y fondos que transitan ante nuestra mirada, es entonces que la línea llevada de la mano por el dibujo gestual deja al descubierto esas oquedades e incisiones que desdibujan y construyen formas ambiguas y ambivalentes, el interior de la materia se expone, se reconoce y se identifica la delicadeza de su sentido, la simbología en este punto asume la parte más relevante de todo el proceso porque la carga conceptual y simbólica de la obra está determinada por ese juego de evocaciones, connotaciones y denotaciones que el proceso creativo y estructural exige, entonces materia, color y forma se conjugan y dan cuerpo o por lo menos pretenden construir una narrativa vivida, sentida y planeada como respuesta a los múltiples estímulos sintagmáticos de la obra.